Doña Soledad

Una canción cantada dos veces no es la misma canción. Bis: “Doña Soledad”.

A pesar de que Alfredo Zitarrosa creía que era un género básicamente instrumental, muy difícil de cantar, en 1968 compuso y grabó el que sería su primer y más representativo candombe: Doña Soledad.
Una canción profundamente humana, como aquella mujer de carne y hueso que Alfredo veía limpiar la vereda cada mañana, y que allí se sentaba por las tardes a tomar mates…
Bajo por guitarra, y la misma humanidad, cuando Lorena Astudillo y Daniel Maza, “solos los dos”, vuelven a invitarnos, junto a Doña Soledad, a ponernos un poco a pensar

Doña Soledad

Mire, doña Soledad,
póngase un poco a pensar,
doña Soledad,
cuántas personas habrá,
que la conozcan de verdad.
Yo la vi en el almacén
peleando por un vintén,
doña Soledad,
y otros dicen haga el bien,
hágalo sin mirar a quién.

Cuántos vintenes tendrá
sin la generosidad,
doña Soledad,
con los que pueda comprar
el pan y el vino nada más.
La carne y la sangre son
de propiedad del patrón,
doña Soledad,
cuando Cristo dijo no,
usted sabe bien lo que pasó.

Mire, doña Soledad,
yo le converso de más,
doña Soledad,
y usted para conversar
hubiera querido estudiar.
Cierto que quiso querer,
pero no pudo poder,
doña Soledad,
porque antes de ser mujer
ya tuvo que ir a trabajar.

Mire, doña Soledad,
póngase un poco a pensar,
doña Soledad,
qué es lo que quieren decir
con eso de la libertad.
Usted se puede morir,
eso es cuestión de salud,
pero no quiera saber
lo que le cuesta un ataúd.

Doña Soledad,
hay que trabajar,
pero hay que pensar,
no ser vaya a morir,
la van a enterrar,
Doña Soledad…

Yo sé quién soy

Solos los dos

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