Pa'l abrojal

Una canción cantada dos veces no es la misma canción. Bis: “Pa'l abrojal”.

Sencillita y alegre, la chamarra, que pinta postales cotidianas de un rincón cualquiera de nuestra Latinoamérica.
Pequeños sucesos, prodigios efímeros, héroes del día a día… José Carbajal, el Sabalero, canta y cuenta al pueblo en su esencia.
Tapeku’a, “un punto en el medio del camino” si se entiende en guaraní, recupera la chamarrita, simple y linda como nació, y la desparrama a los cuatro vientos, que siempre vuelve pa’l abrojal.

Pa'l abrojal

El domingo llegó
olvidándose el sol
y en el rancho el Macario
retumba y retumba
guitarra y cantor.

A un rincón el fogón
donde el flaco Martín
va dorando las tortas
que a muchos bolsillos
tecleando dejó.

Pegadito al candil
el Macario ha copao
y se manda unas cuecas
que al más embustero
lo deja doblao.

Lucianito cayó
bastantito adobao,
cantando tacuruses
y alguna de López
se ha entreverao.

El domingo llegó
con agüita de Dios,
torta frita con mate
y en cualquier agujero
se ríe señor.

El domingo se fue
y los mozos también,
sólo quedan las cuerdas
templando este trote
recuerdos de ayer.

La chamarra es pueblo,
pueblo de verdad,
nació en el baldío
bajo el abrojal.

Trote que trota
y salta de boca en boca,
son muchas manos que ya la tocan,
se hace lenguaje de la amistad.

Trote corto y parejo
sobre los tientos
se desparrama a los cuatro vientos,
más siempre vuelve pa’l abrojal.

Bien de pueblo

Y

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