Té para tres

Una canción cantada dos veces no es la misma canción. Bis: “Té para tres”.

Voz, guitarra y bajo: ingredientes de un “Té para tres”.
Y una historia.
El sabor dulzón de la melancolía, que al final del trago deja asomar la amargura de lo inevitable. Una “canción animal”, distinta a las demás en aquel vinilo de 1990, que Gustavo Cerati dedica a su padre.
La cita se repite, ya sin soda… El mantel no es el mismo y las tazas son otras.
El rosarino Julián Venegas descubre una sonoridad escondida, como quien degusta y encuentra matices y otras notas en su “bouquet” musical; percusión o cuchara en las tazas; el piano, dulce compañía; y voces que se multiplican.
“Té para tres”. Otra vez té. Té para muchos. Té para siempre.

Té para tres

Las tazas sobre el mantel
la lluvia derramada
un poco de miel
un poco de miel
no basta.

El eclipse no fue parcial
y cegó nuestras miradas
te vi que llorabas
te vi que llorabas
por él.

Té para tres.

Un sorbo de distraccion
buscando descifrarnos
no hay nada mejor
no hay nada mejor
que casa.

Té para tres.

Canción animal

Julián Venegas

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